Vidas Maxeadas - managerzone 12

Vidas Maxeadas

Cuando días atrás leí la crónica en Vidas Maxeadas acerca del asunto de los sobornos, las apuestas y los extraños goles en contra en Manager Zone, no pude hacer menos que recordar una historia que creía relegada a mi olvido. Pero como dice el escritor uruguayo Mario Benedetti: “El olvido está lleno de memoria”… y esta historia no es la excepción.
Lo que les voy a narrar sucedió hace algún tiempo y es una historia llena de idas y vueltas, de oscuridad, de pasiones, de traición…
Cayetano “el lerdo” Florín es un jugador como cualquier otro; “un jugador del montón”, como suele decirse en el ambiente futbolero. Maxeado en seis en entradas y abandonado en el entrenamiento, a los 18 años ya tenía estropeados sus sueños de grandeza. Había pasado ya por siete diferentes equipos cuando, a los 29 años de edad, llegó al Peterete United, un modestísimo combinado argentino de división ocho. Allí, en un principio, el “Lerdo” Florín pareció encontrar su lugarcito en el mundo del fútbol. Las aspiraciones del pequeño club no eran demasiadas, por lo cual el esfuerzo de los jugadores tampoco era descomunal. Todo hacía parecer que allí todo sería paz y tranquilidad para él.
Pero volvamos en el tiempo, porque hay algunas cosas que deben saber para comprender todo el contexto de esta historia…
Cayetano se casó jovencito, con una minuza que era de lo mejorcito en el barrio: Rosita Vallejos. La señorita en cuestión era bonita, pero tenía un gran defecto: le gustaba mucho la plata. Por eso no dudó en casarse con Cayetano cuando éste, siendo un purrete de 17 años que prometía en el fútbol. Pero después llegó el maxeo del “Lerdo”, y los sueños de fortuna de Rosita comenzaron a desmoronarse. Se volvió insoportable: “que vos me prometiste esto”, “que no tengo plata ni para comprarme un calzón”, “que podrías haberte esforzado más”. En fin… Rosita era una continua catarata de reproches para con el pobre Cayetano que, resignado, solo atinaba a agachar la cabeza y decir “si mi amor, tenés razón”.
La cuestión es que los 2932 USD que le prometieron a Cayetano Florín para vestir la casaca del Peterete United, mejoraron un poco la cosa en su casa. Claro, la guita se la gastaba toda en Rosita, quien luego se volvería adicta a los productos de belleza de Avón. Pero nunca, nunca, llegaban a fin de mes…
Y aquí comienza la verdadera historia, la triste historia que le sucedió a Cayetano Florín…
Esa semana el manager del Peterete United había por primera vez depositado unos pesos, con la ilusión de que su equipo participe en alguna copa. Por supuesto en el club la noticia hizo que todos estallaran de alegría, ya que la gran mayoría de los jugadores de aquella humilde institución no habían jugado jamás un partido de copa. Los entrenamientos fueron más intensos que nunca y los jugadores se mataban para ser tenidos en cuenta por el manager.
Llegó el primer partido por la Copa y el Peterete salió a la cancha con la llama de la esperanza en los ojos de todos y cada uno de sus jugadores, incluyendo claro, a Cayetano Florín. Ganaron 3-2 y el vestuario fue una fiesta. Llegó el segundo partido y esta vez lograron un agónico empate con gol de Salustiano Trípode, el lateral derecho del equipo, en el minuto 87. En el tercero otra vez el resultado final arrojó un empate, en esta oportunidad 0-0.
Quedaba sólo un partido y marchaban segundos en la tabla de posiciones con 5 puntos. Con un empate en el próximo partido se aseguraban la clasificación a la fase de playoff. Pero claro, aún debían jugar contra quien venía tercero y a sólo dos puntos, otro equipo argento: el Silencio Stampa FC, quien militaba en séptima división. Y éste no era un equipo cualquiera… observando los colosales valores de sus jugadores uno ya intuía que había cosas extrañas en torno a esta Institución. Creado en el año 2005, jugadores de altísimo nivel, con las arcas llenas y contactos influyentes, el Silencio Stampa parecía imposible de vencer para el equipo de Cayetano.
Faltaban 3 días para el gran partido cuando el “Lerdo” observó por el ventiluz de la puerta que un hermoso Mercedes plateado se estacionaba frente a su modesta casita de Pellegrini al 3000. Dos hombres de gran estatura, anteojos negros y saco gris, se bajaron del coche. Cayetano los atendió en ojotas y con el mate de hojalata en la mano.
Los señores se presentaron como Julio Sttaffa y Esteban Trampponi, “dirigentes de un club de fútbol”, según sus propias palabras. El lerdo, gentil como siempre, los invitó a sentarse en el living-comedor. Trampponi observaba las paredes resquebrajadas y con manchas de humedad, y mirando fijamente los ojos de Cayetano le dijo: “Vos podrías vivir mejor Florín y nosotros te vamos a dar una mano”

Continuara....

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